SALUD, ENFERMEDAD E IMAGINACIONES
(I)
Por Haruchika Noguchi
Traducción: Luis Crespo
Ante todo, lo primero que deben conocer son las características especiales de
sus cuerpos. Luego necesitarán [encontrar] de que modo pueden potenciar al
máximo estas características en sus vidas. De nuevo, deben sentir las
demandas de sus cuerpos y respetarlas.
En lo referente a la nutrición y el ejercicio físico, estos están en segundo y
tercer lugar: su influencia sobre la salud es mucho menor de lo que hasta ahora
se ha imaginado. Miren de lleno, y consideren, el hecho de que una nutrición
rica y la abundancia de ejercicio en realidad dañan la salud y rápidamente
entenderán porqué esto puede ser así.
La necesidad de aire fresco y de gran cantidad de luz solar, también, no es
realmente importante. Ni tampoco se debe temer en exceso el daño provocado
por el alcohol y el fumar, siendo también verdad esto respecto a permanecer
despierto hasta tarde o la falta de sueño. Al contrario: lo que es
definitivamente malo es el estado mental miedoso que se preocupa por
estas cosas.
Tampoco el hecho de esterilizar los objetos no tiene ningún valor en absoluto
respecto a su influencia sobre la salud. El efecto [negativo] que tiene un estado
mental de dependencia de la medicina, de los tratamientos médicos y los
regímenes de salud en el debilitamiento de la constitución física, es mucho
mayor que cualquiera de los efectos [beneficiosos] que pudieran aportar esos
métodos. Todas estas cosas interfieren la fuerza vital que es inherente a todos
los seres humanos.
En vez de ello deberían reconocer, con un estado mental tranquilo, que
realmente están viviendo; es decir, deberían reconocer su naturaleza individual
y ponerse a vivir con esta [realidad] como punto de partida.
Así como con la naturaleza individual, hay muchas tantas naturalezas
individuales como personas en este mundo. Cada persona es diferente Un
modo de vida que está diseñado para cien personas no puede ajustarse a un
solo individuo, y un modo de vida que no se adapta a un individuo no puede
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hacerlo en cien personas tampoco. Por eso el hecho de separarse de un modo
de vida “cortada-a-patrón” y el hallar otro que se ajuste perfectamente a uno es
el punto de partida en lo relativo a tener salud y vivir felizmente.
¿Cuáles son las características de sus cuerpos?, ¿Dónde están los límites de
su fortaleza física?, ¿Cuál es la satisfacción que desea su corazón? Deben
empezar por darse cuenta de este tipo de cosas.
Si, cuando se ponen malos o les ha pasado algo, se paran a pensar,
entenderán todas estas cosas perfectamente. Mucha gente, sin embargo,
habiendo llegado al problema de caer enfermos, tan sólo siente miedo de su
enfermedad, se vuelen impacientes para que les curen, empleando este tiempo
en no nacer nada y así pierden la oportunidad que se les ha dado. El hecho de
que la enfermedad sea tan temida se debe a que, las formas de persuasión
empleadas por las personas que aplican tratamientos, como los infiernos de
que hablaban los antiguos sacerdotes, han tenido efectos desmedidos; la gran
mayoría de este miedo es ilusorio. [En estas formas de persuasión] Hay más
de imaginación que en, por ejemplo, confundir un buzón con un monstruo.
Los grandes espejismos de las personas hoy día son: considerar como
enfermedades incluso aquellos fenómenos que surgen como resultado del
aumento de la actividad del trabajo de las energías vitales corporales y la
creencia de que, si uno no está enfermo, entonces está sano y salvo hasta
el momento en que vuelva a caer enfermo.
Digamos que comen algo que no le va bien a su organismo y lo vomitan o tiene
diarrea. Observen el problema con tranquilidad y se darán cuenta de que se
trata del estómago y otros órganos digestivos defendiéndose, y que es una
prueba de que estos órganos no están dormidos. Y si por la misma causa
desarrollan una fiebre, ésta, también, es una de las formas que tiene el cuerpo
para defenderse y aparece como resultado de un cuerpo que no está pasivo.
Hay personas que creen que tales sucesos son enfermedades, culpan a sus
estómagos y el resto de órganos digestivos estimulándolos en exceso, de
modo que estos quedan exhaustos. El resultado de bajar una fiebre,
forzándose uno a permanecer en la cama, rompiendo así el patrón de vida
normal, es que el cuerpo se encuentre confundido. No hagan estas cosas, no
hagan aspavientos y, por lo general, se recuperarán prontamente.
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SALUD, ENFERMEDAD E IMAGINACIONES
(II)
Por Haruchika Noguchi
Traducción: Luis Crespo
Está tan extendido el rumor de que a menos que una enfermedad esté
realmente curada no puede haber recuperación, que las personas son
incapaces de abrigar el pensamiento de que se recuperarán rápidamente si no
se hace nada. Pero si frases como “Era demasiado tarde para hacer nada” o
“Le había llegado su hora,” que son evasiones de la responsabilidad, fuesen
rechazadas, creo que muchas personas podrían tomar en consideración el
pensamiento de “El hacer nada es de por sí suficiente tratamiento, y ser
curado como resultado de haber hecho algo es algo extraordinariamente
raro.” Por eso es tan importantísimo tener un conocimiento de la naturaleza
de la vida antes de que uno empiece a depender de tratamientos médicos y
curativos.
Piensen con calma que es lo mejor que tienen que hacer para mantener su
salud y se darán cuenta de que hay en el interior del cuerpo una demanda de
vivir saludablemente, y que lo más importante es vivir de acuerdo a este hecho.
Pienso que se deberían abandonar las ideas preconcebidas, pensando
tranquilamente las cosas y coger la verdad que se esconde tras los hechos.
Levántense a las seis de la mañana. Acuéstense a las diez de la noche.
Coman tres comidas al día. Sigan reduciendo sus opciones preguntándose si
este tipo de comida es apropiada o no. ¿Deberían hacer el amor dos veces a la
semana, o incluso una es demasiado? El hecho de rumiar las cosas de esta
forma es absurdo. Piensen en cambio en conocer sus deseos innatos y vivan
de acuerdo a ellos y, como dice el dicho chino, “Es suficiente mirar las puntas
de las ramas para sentir la presencia de la primavera.”
He explicado en incontables ocasiones que la convicción de que la
enfermedad es algo a lo que se debe temer y que si no se está enfermo se
está sano, no es más que una imaginación. ¿Por qué he llegado a pensar
así? Las personas que creen que vivir consiste en tener una limpísima vida
higiénica, dicen que la comida descompuesta es dañina para la vida, pero los
cuervos comen carroña con total impunidad. Dicen que el agua sin tratar
[químicamente] es peligrosa, pero las carpas viven toda su vida en agua sin
tratar. Dicen que las bacterias son terroríficas, pero las lombrices de tierra viven
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de comérselas. No es cierto que la comida descompuesta, las bacterias o el
agua no tratada sean dañinas para la vida. El que algo sea dañino o no tan sólo
depende de si nos es agradable o no. En la evolución de los seres humanos
hay momentos en los que se pasa por la etapa del pez y por la del pájaro, de
modo que si se cultivan estas capacidades [de aceptación y adaptación] no es
cierto que algo será siempre desagradable.
Cultiven sus capacidades innatas y serán capaces de llevar una vida
energética, trabajando a fondo, comiendo lo que deseen sin preocuparse y no
siendo vencidos por el frío, el calor, el viento o la humedad. Simplemente,
como resultado de cultivar estas capacidades, serán capaces de vivir mientras
disfrutan de la vida en cada respiración. Trabajarán sin caer exhaustos, todo lo
que coman les parecerá delicioso y, tras dormir poco, no les quedarán trazas
de fatiga.
Es un terrible error creer que por consideración con su salud deben escoger y
elegir lo que comen, regular sus horas de sueño y emplear el sistema de
trabajar menos que los demás, y pensar que no se puede decir de ustedes que
están sanos a menos que, además de evitar el frío, el calor, el viento fuerte o la
humedad, destruyan otras pequeñas criaturas vivientes. Suponer que deben
hacer este tipo de cosas para mantener la salud es la raíz misma de esta
ilusión.
Yo no creo que a fin de hacer la vida brillante y vívida tenga que salir corriendo
de las cosas que sean dañinas o de las que sean peligrosas. En tanto en
cuanto haya cosas dañinas y peligrosas, eso siento, tenemos la
responsabilidad de cultivar nuestras capacidades innatas.
Si este hecho de cultivar no se puede completar en nuestra generación
entonces debemos pensar en [prolongar el plan] tres o cinco generaciones
posteriores. Debemos rechazar aproximaciones que debilitan a los seres
humanos por considerar tan sólo las preocupaciones que se les presentan en
ese momento ante los ojos. Es esta percepción en la que está el origen de mis
ideas sobre la ilusión de lo que es la higiene.
El mismo hecho de etiquetar la enfermedad como una ilusión no es más
que mi conclusión tras emplear treinta años ayudando a la gente.

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